lunes, 6 de diciembre de 1993

Fotográfica

Una rosa, que desde tu nombre, florece en lo más hondo de mi recuerdo
despide su fragancia que rodea tu fotografía;
tus labios en ella
aquellos prohibidos por lo inclemente del destino
pronuncian palabras que nunca perdieron el matiz de su fuerza
pues sin ser sonoras se pierden en un torrente de estáticos retratos y malgastadas emociones.

Regando la esencia vital de aquellos días vedados
en los que una de mis más preciadas vidas he perdido,
nos miro desde el primer beso que estalló en lo tenue de tu sala
tocando en cada uno con sus labios el paraíso que cada quien escondía
desvaneciendo nuestras sobras en un instante inmortal documentado por nuestros corazones;
instante indeleble
sentencia exquisita.

Desde un camino escondido por rosales corrió nuestra sangre pura
en pugna contra nuestras propias miras que buscaban objetivos de invariable sito,
corrían nuestros besos numerados por el destino en cuenta regresiva hacia nuestro fin,
caímos desapareciendo aquel rastro como la primavera de nuestra niñez donde ocultamos siempre primer amor.

La finura de tus labios rasgando en tirones mi alma,
la energía de tus ojos atravesando mis ilusiones,
y tus últimas palabras de amor cargadas de desaliento
son representaciones que cierran el paraíso de aquellos sueños tan locos;
hoy,
sentado a las fueras de tu destino,
revisando nuestras memorias,
sumergido en tu fotografía
entiendo la concepción de un imposible en el “hasta siempre” implícito en nuestra junta.

¿Cuan lejos te llevó la libertad?
¿Cuantos pétalos te arrancó el tiempo?
en una caja
junto a una carta
reposan aquellos instantes de movimientos repetitivos
cuando nos besamos y se encumbraron nuestras fantasías de niños
cuando nuestras despedidas no se aprobaban en el orden de nuestro universo
cuando aquel beso cualquiera resultó el último de nuestra vida.

(extraído del poemario “Manifiestos de Narcizo de la Montes Pierre” 1993)

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