jueves, 13 de febrero de 2020

Punzadas en el ático


Nuevos vistazos desde la misma ventana que da inicio al malecón de mis memorias sin emociones/
una y otra vez trato de imaginar un sentimiento propio de las imágenes que intentan cobrar vida/
vibrando en lo más hondo de mi cerebro/
convulsionando con las ideas que envío/
reaccionando con sensaciones que invento/
terminando sin el éxtasis a lo melancólico.

Viejos álbumes a 60 fragmentos por segundo trato de descifrar y cada uno me decepciona con interrogantes
no me reconozco como autor de cada escena que se representa/ dentro de este viejo espejo donde escondía medicina que jamás vencía/
este sofá soportara por última vez el peso de un ser humano/ mientras la radiante luz de la tarde me despierta/
¿De que podrían quejarse los arlequines postmodernistas si esta urbe fue exactamente el escenario donde podrían brillar?

Mis manifiestos relatan tesoros que nunca quise hallar
sin embargo, siempre estuve dispuesto al precio que tuve que pagar
las razones por las que adrede se pierde/
en secreto se gana/
y extrañas jugadas se ejecutan/
fueron tiempo y fantasía/
…o la fantasía de que fue nuestro tiempo.

Esta resolana le queda tan bien al cuerpo adolescente que flota sobre las letras de estos viejos escritos/
este polvo que despierta dibuja muy bien cada facción de un rostro que nunca volveré a ver durmiendo/
la noción del espacio que me aleja hoy de la realidad depende de lo que demore el sol en silenciar la calle/
quisiera contarle tantas cosas a tu adolescencia, pero es tan distinto el protagonismo del testimonio.

Las experiencias cuelgan desde mis hombros hasta el suelo como un velo negro/
nuevamente se escucha el sonido del ron llenando el vaso/
del cigarrillo quemarse mientras lo absorbo/
y de las canciones que resonaban una y otra vez en mi nocturna nación/
vuelvo a escribir/
volviste a dibujar?
volviste a la guitarra de tu mamá?
volviste a amar?
apostaría este sorbo y esta sonrisa a que tus pasiones te hicieron resucitar/
que tus sueños lograste reinventar/
y que tu ropa sigue tirada sin esperanza de poderse ordenar.


©Fran Terrones Julca 

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